Cortinas de humo

Eduardo Soria

Eduardo Soria

Es claro y notorio que muchas administraciones públicas de este país, no solo las comunidades autonómicas, no pueden soportarse a sí mismas, debido a la caída de los ingresos, a una mala gestión protagonizada por las castas políticas, y a unas estructuras públicas duplicadas e innecesarias, desarrolladas exponencialmente al albur de la época del tocho de las que han vivido muchos amigotes.
Mientras se intenta tapar la incompetencia, y en algunos casos la presunta corruptela, de los que todavía permanecen sentados al frente del poder y de sus aparatos de influencia, se promocionan debates estériles, lacrimógenos e interesados que ciegan y enfrentan a la opinión pública para no descubrir sus vergüenzas. Las vergüenzas de un poder, y su séquito, que no sabe cómo sacarnos de ésta, y sigue manteniendo su propio estatus a cualquier coste, aunque con ello se lleven por delante la educación, la sanidad, o el propio modelo autonómico, que se ha manifestado como un modelo interesante aunque mejorable.

Los principales debates están distorsionados. Las autonomías, ahora cabeza de turco del tinglado ibérico, han supuesto un modelo de estado de cercanía al ciudadano y, a la vez, una oportunidad para los territorios que querían autogobernarse propiciando en España un status quo territorial que ahora se pone en cuestión. Mientras tanto, el nacionalismo catalán enarbola la señera del independentismo oportunista, y el nacionalismo español iza la bandera del centralismo nostálgico imperial, como si no hubiera más remedio que ser del Barça o del Madrid, volviendo a ocultar sus vergüenzas.

El estado autonómico es un hecho y la involución o evolución territorial no corregirá el verdadero cáncer de este país, el amiguismo, la incompetencia, la mala gestión y el fraude político. Por lo general, los malos gestores suelen mudar a otros estadios de influencia y vasallaje, creando nuevas estructuras.

En medio de este, y otros, tsunamis mediáticos apenas queda espacio para explicar que las castas que crearon esta crisis siguen aposentadas en el escenario de la posible solución desviando la atención de lo primero en último, dando protagonismo a lo último en lo primero. El problema no radica en qué administración realiza la gestión sino en cómo la realizan sus responsables, donde el principio fundamental debería ser una competencia, una administración pública. Por tanto, no es necesario ni obligatorio que haya 17 comunidades autonómicas y ni un determinado número de estructuras públicas, pero sí debe ser exigible una optimización mediante el principio de eficiencia y responsabilidad respetando, por ejemplo, a las comunidades que quieran seguir autogobernándose y posibilitando que las que no quieran, se reordenen en otras estructuras, teniendo como límite lo pactado en la propia carta magna. Sobran solapamientos, sobran favores, sobran disfraces y sobran luchas eternas de poder entre
Madrid y Barça de alentadores provincianos que nos están llevando a la sin razón, encubriendo la depresión del país.

En Aragón no somos ajenos a todo esto. Nos ha costado mucho lograr este Estado de Bienestar, lograr nuestro autogobierno, porque los ciudadanos de Aragón así lo quisimos, sin exclusiones, con responsabilidad,… Pero siguen estando los mismos a los que les incomoda una reforma en serio de todas las administraciones públicas aragonesas, porque comen de ellas y también sobrarían. Falta contundencia por parte de Luisa Fernanda Rudi cuando, para las elecciones de 2011, afirmó que “resulta urgente plantear la redefinición del papel de las comarcas”, sobran las palabras. Lo demás es humo.

Siguen los mismos, los mismos que promocionaron aeropuertos en Huesca o en Caudé, los que cortaron cintas en Motorland, los que han impulsado pabellones en cada pueblo y en cada barrio, con delirios de grandeza, llenando las administraciones y empresas públicas aragonesas de deudas, multidepartamentos, cargos digitales, asesores excesivos y estómagos agradecidos. Los mismos que intentan sobrevivir a la crisis, promoviendo el cambio en los demás, en el ciudadano, arruinando familias y empresas, formando parte del sistema, permaneciendo en el problema. Siguen los Bellochs, Rudis y Bieles en Aragón, Cataluña o Madrid, intentando diseñar soluciones (recortes, hablando llanamente) a los problemas que ellos mismos han fomentado en la época de los excesos, desde la ineptitud, desde sus despachos, sin levantarse del sillón, cómplices y aliados del poder, recortando como nunca, protegiendo a los de siempre; a la clase política y sus grupos de presión.

Eduardo Soria. Vicepresidente de Compromiso con Aragón

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